Crosby, Stills and Nash en Buenos Aires, finalmente

El cartel de un fan en la cuarta fila decía “We waited 43 years for this”. Efectivamente, Crosby, Stills and Nash lanzó su primer disco en 1969. Siempre me habia llamado la atención que de todos los hitos del rock que han venido a la Argentina – desde Madonna, Michael Jackson, Roger Waters, Phil Collins, Elton John, Rolling Stones, Paul McCartney; en fin podria seguir y seguir, todavía no habíamos tenido la visita de CSN en Buenos Aires.

Los acordes celestiales que se escuchan cuando David Crosby, Graham Nash y Stephen Stills se ponen a cantar juntos me transportan, incluso hoy, a un oasis armónico del folk rock. Al cantar las melodías compuestas por ellos se puede apreciar la belleza de sus arreglos: las voces muy cercanas en el pentagrama, haciendo un mismo dibujo, pero en diferentes notas. Esas melodías elaboradas, empastadas; tan complejas y simples a la vez. Según relató el mismo Nash sobre el escenario del Luna (del lado de Lavalle), parafraseo aquí con bastante exactitud, dijo que Stills escribió “the great rock tunes”, él escribió lo más pegadizo (“the catchy tunes”) y Crosby es autor del “weird shit.

Por si hacen falta más pruebas de que fue un hito en la historia del rock, recordemos que CS&N estuvieron en Woodstock.  El hecho no pasó inadvertido para muchos de los que estaban en la platea: Charly García, León Gieco, Raúl Porchetto, Miguel Cantilo, Hilda Lizarazu y Nito Mestre. Gente que algo de rock n roll sabe y entiende que CSN son una leyenda viviente que marcó una época, si bien aún siguen componiendo. Charly causó algo de revuelo entre el público antes de que empezara el show y se ganó una ronda de aplausos.

La banda que vino a Buenos Aires eran ellos tres más cinco músicos de excelencia: Steve Distanislao en batería (toca con David Gilmour); Kevin McCormick en bajo (toca con Jackson Browne); Shane Fontayne en guitarra; James Raymond- también compositor- en teclado y Todd Caldwell en órgano. Menos el bajista, todos cantaron coros. ¡Con qué generosidad tocaron durante dos horas y media – breve intervalo mediante – más dos tandas de bises ya que no los dejábamos ir! Una entrega digna de elogio; impresionante.

Lo que sí tengo que decir, aunque mis acompañantes me pedían que no tuviera el tupé de hacer críticas in situ (¿para qué?), pero acá en mi blog trataré de argumentar mi oído quisquilloso. Lamentablemente, el sonido no fue de lo mejor. La acústica del Luna Park no es de las más perfectas pero he escuchado muchos recitales ahí y muy buenos (Dave Mathews, por dar un solo ejemplo). Me pareció que había un poco de mezcla de instrumentos, un poquito de bardo digamos, y algunos mínimos acoples. Las  voces no se distinguían “adelante” como a mí me hubiese gustado, me parece que faltó protagonismo de voces con “colchón” de instrumentos.

Una de las canciones que más me gustó fue “Cathedral”, con Nash cantando cómodo, no tan agudo, y tocando teclado. Maravilloso fue el momento en que salieron Nash y Crosby para cantar “Guinevere” sólo con guitarra y coros. En uno de los bises cantaron “Teach Your Children” y Nash leyó y agradeció otro cartel que me encantó. Decía “We taught our children well. They are all here tonight”. Classic.

Otro hecho que me llamó mucho la atención fue la poca gente que tuvo el privilegio de estar ese domingo en el Luna Park. Me parece que no tuvo la difusión publicitaria que se merecía CSN. Dejo este video, más por sensiblera que por el valor del audio. Es de muy baja calidad porque lo grabé con mi teléfono: Helplessly Hoping.

Postales no inventadas de Buenos Aires

CARTEL EN FERRO

Yo juraba que ahí dice “salida de emereencia” pero me acotan que está bien escrito “emergencia”.

DEMOLICIÓN EN LA CALLE AGÜERO

Qué tristeza me da que no se conserven las casas antiguas de la ciudad. Lo que me detuvo a sacar la foto fue ver esos azulejos amarillos. ¿Quién los habrá elegido hace décadas y décadas….?

MARCHA  2 DE ABRIL

Por Pueyrredón marchó pacífica la manifestación hasta que llegó a la embajada de Gran Bretaña.

Más maniquíes non-cookie cutter

Hace unos meses subí una foto de una maniquí rellenita que encontré en Curitiba. Me pareció tierna y diferente, salida del molde habitual. Después un lector de otro blog me comentó que había maniquíes más gorditas también en Buenos Aires. Efectivamente las encontré en Pueyrredon entre Sta. Fe y Marcelo T. de Alvear. Es la foto de abajo (gracias por el dato, Marcos).

Pero la foto que valió el post es de la maniquí en Miami -South Beach, where else? – con una clon de Barbie que ostenta un talle Double D sobre su frágil figura. Imperdible el anillo en el ombligo.

sexo, mentiras, video y … ¡pasaron 23 años!

El otro dia volví a ver la película de 1989 que marcó toda una época: sexo, mentiras y video.  Me llevé una sorpresa. Esperaba que la película estuviera avejentada, demodé, o ya francamente desechable. Nada de eso. Sacando algunos detalles insoslayables de la época  - no se ven computadoras, tablets, ni celulares – el cuarteto de personajes y sus rollos psicológicos siguen tan vigentes como hace veintitres años; el zeitgeist sigue ahí.

La película fue trascendente porque le abrió la puerta a muchos otros films de cine independiente que buscan una alternativa al cine comercial y a la tradición mainstream de Hollywood. Ahora, los “indie films” se han convertido en un género aparte.

Hacer sexo, mentiras y video (así en minúsculas como se vendió) costó 1.2 millones de dólares pero recaudó más de $25 millones. Además, consagró a su (entonces) joven director Stephen Soderbergh como genio ( también escribió el guión), y convirtió en movie stars al cuarteto actoral. Andie MacDowell en el papel de esposa aburrida y frígida. James Spader como impotente outsider, algo  freak, que se erotiza con las intimidades sexuales de las mujeres; siempre a través de la profiláctica lente de una cámara. El infiel abogado yuppie sobre las espaldas de Peter Gallagher con Laura San Giacomo como la amante que en su fogosa desinhibición es el polo opuesto de su hermana. Toda gente más o menos de mi misma generación. Me intriga saber qué pensaría de la película alguien hoy de 25 años.

Es gracioso cuando el marido le dice a su amante, la hermana de su mujer, que no la puede ubicar en el bar donde trabaja porque el teléfono le da ocupado. ¡Impensable hoy en día! La filmadora con la que hacen las grabaciones parece un tubo de oxígeno. Ahora todo se ha jibarizado. Y las cajitas con los cassettes de cinta que se podían romper en un ataque de furia. Juraría que esos videotapes fueron la última versión que vi. Todo me remite a lo vertiginoso de la época digital en la que vivimos donde nos podemos reír de los artefactos que usábamos hace solo 20 años. También impensado en épocas no tan lejanas.    

Ver la pelicula otra vez en 2012 me permitió distinguir varias capas de historias cruzadas y muchos temas que siguen vigentes en esta época de amores fugaces y livianitos donde sigue costando la intimidad. Solo siete años antes de la filmación, circa 1982,  surgieron los primeros casos de SIDA.  El sexo empezaba a llenarse de obstáculos  y en este caso la distancia la marca la lente de una cámara. Pero la mayor distancia es por las trabas que tienen todos para relacionarse, saber qué quieren de verdad y cómo pueden ser felices.

Tambien me impactó la fusión entre lo real y la repetición de lo real; la infinita  reproducción de lo grabado. Un interesante juego de espejos que se da vuelta cuando el personaje de Andie Macdowell apunta con la cámara al personaje de Spader, dándole un taste of his own medicine, y luego entrando ambos dentro del alcance de la cámara para intimar… ¿y amar? “Nunca aceptes consejos de alguien con quien no tuviste intimidad”, sentencia el observador de la sexualidad femenina.

Pero lo que marcó todo una era fue la repetición de las tres palabras en sus múltiples combinaciones. Se decía “sexo, mentiras y ……”, “sexo, …… y videotape”, o “…, mentiras y video”. Cualquier frase tripartita clever que sirviera a la ocasión. No pude dejar de asociarlo a un éxito editorial de ahora que es “Eat, pray, love” (“comer, rezar, amar”). Algo pasa con tres palabritas combinadas en mágica sucesión. Yo hubiera jurado que con un título como “eat, pray, love ” no se puede vender ni un ejemplar. Shows just how clueless I am.

Dime cómo cuidas el espacio público y te diré quién eres

María:  Tengo la impresión de que la gente está más maleducada, que hay menos respeto, más que nada en la calle, en las plazas….

Juan: Te parece … es la edad, María, te estás poniendo más vieja…

María: Qué tonto. Bah, puede ser que sea por la edad pero ya escuché a otra gente quejarse por lo mismo. Nosotros pintamos la fachada del edificio hace un tiempo y ya la mancharon con aerosol negro. No duró nada limpia.

Juan: Es imposible pretender vivir en una ciudad impoluta. Además, vos que sos la mayor defensora de la libertad de expresión que conozco, me extraña que te moleste el grafitti.

María: Una cosa es el grafitti artístico, que hay muchísimos en Buenos Aires y otra cosa es estropear la pared del vecino.

Juan: ¿Cuál es la diferencia?

María: Supongo que el grafitti artístico tendrá algún tipo de aval de la municipalidad, no sé. Es usar una pared como una tela en blanco con el intento de embellecerla, no de afearla. Lo que me jode es la falta de conciencia de que existe un otro, un vecino, un ciudadano que no sos vos. En los países con más ejercicio democrático ves más respeto por el espacio público. Es como si pudieras sentir que el espacio público es tuyo y lo cuidás como cuidás tu casa, es una extensión de tu propio espacio.

Juan: Medio utópico me suena.

María: A mi lo que me molesta es el vecino que usa tu vereda y no la suya para que su perrito haga sus necesidades ¿entendés? Usa tu vereda como no usa la de su edificio. O pinta tu pared aunque jamás pintaría la propia. Me arriesgo a decir que la evolución de una sociedad se puede medir por el cuidado que se les da a los espacios públicos. Es la forma en que se demuestra hasta dónde una sociedad incorpora al otro, a su semejante, al tipo que usa los mismos espacios. También es una señal de madurez.

Juan: Tal vez serías más feliz en Suiza.

María: No. Sería más feliz si la ciudad donde elegí vivir fuera más cuidada por los que vivimos acá.

Here’s a tip: you may want to check the spelling BEFORE you get the tattoo

You may or may not like tattoos but they have become mainstream in the last couple of decades. Not just sailors or gang members have them, you see them on models, secretaries and even politicians. But there is one aspect of this practice that is a pretty good rule of thumb: you may just want to check the spelling of words IN YOUR OWN F/%6# LANGUAGE if you are going to get a phrase branded in indelible ink on your only mortal coil.

Seriously, folks. I am not talking about checking the spelling on a cute Japanese symbol tattoo (oh yeah, they tell you it means “peace” but you don’t have a clue, do you? Which of your friends would know anyhow?).

Take this tattoo above: Life may be very beautiful, lady, but your tattoo sure is not.

Speaking of “your” , it should not be mistaken for “you’re”. But we all know there are no body spell checks. Not that they would use one anyway.

Regret is more easily applied to the things we don’t do in life. Well, not if you got this tatoo. The guy might regret “nohing” but I’ll go out on a limb and bet he did regret this tattoo.

That seems to be indelible ink that probably hurt a fair deal to get needled into the forearm. Did it hurt, dude? Nohing at all.

This young man wants nobody to “juge” him except God. But it is fairly safe to say that a lot of other people are jugding him. They judge he oughta hit them books. Does he trust his own judgement?

The proud sporters of these tattoos probably love ‘em. Don’t care. Think they look really “ah-some”. I wish I could say that I think this one was on purpose.

 

 

 

 

 

 

 

A real tragedy. Using henna is a good alternative, they wash off in a couple of days. Once in Miami, being the cautious person that I am, I walked into a tattoo parlor and asked if they did impermanent tattoos. The man sneered and said – true story- “the only impermanent thing here is pain”.

I wouldn’t be too sure. Just ask the people who got these tattoos.

“Vamos que ahí dejaron un hueco”

María: Por favor, decime si soy yo la anormal o no.  Tengo una burbuja vital que me impide estar encima de la gente pero parece que soy la única a la que le molesta.

Pablo: No creo que a nadie le guste que se le instalen encima pero puede ser que tu burbuja sea más grande de lo normal, más sajona tal vez.

María: Es que no entiendo cómo la gente sale de la ciudad, donde uno vive encima o abajo de otros para venir a la playa y estar igual.

Pablo: A lo mejor no les da el presupuesto para irse a Punta Cana.

María: No es un tema de presupuesto, es un tema de mentalidad. Mirá cómo están hacinados en las carpas.  ¿Cinco lucas o más por mes para escuchar todo lo que dice tu vecino? Mirá, mirá estos que vienen acá, son un batallón….¿escuchaste lo que dijo el tipo?

Pablo: No.

María: Dijo “¡Vamos que ahí dejaron un hueco!” ¿Dónde vio el hueco éste?, estamos todos amontonados acá en el espacio libre de carpas. Qué manía de llenar los huecos que tienen los tipos.

Pablo: El tipo está en todo su derecho, es una playa pública.

María: Tenés razón; ya te dije, la anormal soy yo.

Los que firman los mensajes de voz

Con el avance de la tecnología se nos juntan varias generaciones de seres humanos que interactúan con los aparatos eléctricos y digitales en forma muy diferente. El otro día, en la casa de una amiga, estuvimos viendo fotos viejas y de lo que más nos reímos es de una imagen donde estoy hablando por celular, toda ejecutiva y laboriosa, creo que era un startac. Algunos le decían “el movicom”.  En ese momento un startac era un gadget de un James Bond moderno. Hoy, parece que tengo un ladrillo en la oreja. Y sólo pasaron 14 años. 

Pero lo que siempre me causa gracias es cuando “firman” un mensaje de voz. Mi mamá, por ejemplo, me ha dejado mensajes largos grabados en el contestador y al final hace una pausa y dice: “mamá”. Se podría pensar que ella cree que no le reconozco la voz y que no me doy cuenta que es ella. Pero la verdad es que ella está escribiendo una nota, no dejando un mensaje de voz.

El otro día por la radio, un tipo deja un mensaje largo, pone un punto, respira y dice: “Luis”. Está claro que el hombre se crió en una época donde simplemente se dejaba una nota en la mesa de la cocina:

” Hola Stella, Me fui a comprar cigarrillos. Luis”

Haiku to go

Thanks to the folks in the writer’s group for your support! Here is the same series that started out in Spanish, now morphed into English. It is not an exact translation.

She stops on her journey  

for water from the brook

she is the stream

 

A spider in its web

inside the backpack

Of a mountain climber

 

 

The perfume

of an orchid in bloom

eternity in a second

 

It is raining in the city 

drops in the puddle

my tear, just another drop

 

A wave breaks on the shore

foam at my feet

I inhale with the sea

 

Death arrives inevitably

though somehow unexpected  

a moth crackles as it hits the light

  

The horizon is far away

the end approaches

I am the journey

                                                                            

He sits at the side of the road

To meditate on his confusion

He understands when he stops thinking

 

 

A twig falls from the tree

a dove swoops down and takes it back

to the nest on the branch

Viento en contra, mar revuelto y frente de tormenta

Solange: El 10 de diciembre el mar estaba especialmente marrón, turbio, lleno de lo que las abuelas decían iodo en el mar.

Hugo: ¿Qué iodo?, ese color marrón es cualquier cosa, sopla viento del norte y parece más río que mar, nada que ver con los últimos días.

Solange: Pero hicimos una linda caminata por la orilla, y la raya que vimos fue impresionante.

Hugo: Fue difícil el viento en contra. ¿Tenés fotos del frente de tormenta del domingo?

Solange: ¿Antes de que se largara el diluvio? Sí.

Hugo: El cielo estaba más oscuro que el mar. Es hora de que te compres una cámara de fotos como la gente en vez de sacar fotos con celular.

Solange: No puedo andar cargando tanta maquinita, bastante que tengo el celular.

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