Brigada anti-abuso de comillas #2

Activista 1:   Están también los que entrecomillan lo que al hablar remarcarían como importante pero que tampoco resiste el uso de negritas en la escritura.

Activista 2:   Ilustre con un ejemplo, compañero,  así el público presente entiende.

Activista 1:   Un ejemplo real de un mail que recibí sería: “Podemos juntarnos a ‘explorar’ nuestros sentimientos”.

Activista 2:   En este caso,  lo que se ha entrecomillado es … ¿la metáfora? ¿El autor puso las comillas para que usted no pensara que se tenía que disfrazar de Indiana Jones si iba a dicha reunión? ¿No vio que está tan establecido el uso de un verbo que no es literal como “explorar” en el caso de los sentimientos que no hacen faltan las benditas comillas?

Activista 1:   ¿Tal vez el escribidor pensó que no hubiésemos entendido el sentido del verbo sin las comillas? Ya sé, le habrán parecido románticas las comillas que siempre estan juntas, en pareja, bailando con swing y sincronía hacia el mismo lado.

Activista 2:   Lo patético, y el verdadero quid de la cuestión, es que pareciera que las palabras ya no tienen más peso. Tienen que recurrir a las comillas, como guardaespaldas de cada lado, para no perder el significado. ¡Si no me protegen no puedo significar! parecen gritar las débiles palabras en manos de los abusadores de comillas. Y entonces, como jamón del diome queda la palabra allí entre el sandwich de las comas de los jíbaros.

Activista 1:  Es hora de unir a los anti-abusadores. Por esto, señoras y señores, les estamos pidiendo su apoyo.

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