Taxi Nocturno en Buenos Aires

Maria:   (subiéndose a un taxi a las 22:45 pm) Buenas Noches. Voy hasta Borges y Güemes. ¿Me toca tarifa nocturna verdad?

Taxista: En teoría sí, pero no.

María:   ¿Cómo es eso?

Taxista:  Es que todavía no fui a cambiar el reloj. En realidad ni sabía muy bien como funciona, estoy un poco perdido, no me informé demasiado.

María:  Mire, yo algo leí pero en realidad el que mejor me lo explicó fue el taxi que tomé antes que usted y antes de las 22 horas. Yo le había preguntado qué pasa si me tomo un taxi a las 21:56.

Taxista.  ¡Buena pregunta! Yo tampoco sé eso.

María:   Ahá, veo que está informadísimo. La bajada de bandera sería como el resto del día, no los $6,96 que sale después de las 22. Pero pasadas las 22 las fichas le bajan con el precio nocturno más caro que ahora es de 69 centavos. Pero volviendo a lo anterior, si usted tiene la tarifa diurna, ¿tengo yapa?

Taxista:   Ja, ja. Y… sí. No se imagina lo que es ir a hacer el trámite. Pierdo un día entero ahí si voy hoy. En cambio si voy el fin de semana lo hago más rápído. Pierdo plata ahora pero menos de lo que perdería si no puedo laburar un día entero por estar cambiando el reloj y no me estreso tanto. Hay tipos que se desesperan y van como locos a hacer el trámite. Yo ni loco, ya pasé demasiadas de éstas…

María:   Me sale más barato, qué suerte para mí. ¿No tiene miedo de que la gente deje de tomar taxis de noche? Aunque pensándolo bien, ya los aumentos en todo nos están curando de espanto. Usted va a comprar un tornillo y le puede salir 3 pesos como 3o. Ya perdí la noción.

Taxista:   A mí me pasa lo mismo. Y ahora que tengo que ir a cambiar el reloj ¿sabe qué me acordé? De las tablitas esas impresas que usábamos para cobrar el viaje antes, no sé si usted tiene edad para acordarse…

María:   Ay, Dios. Me vino así como un martillazo en la cabeza, ese recuerdo que lo tenía totalmente olvidado. Me acabo de amargar.

Taxista:  Claro, no sé si usted se acuerda, pero eran una planillas que comprábamos y según lo que marcara el reloj buscábamos el precio en la planilla. Al final, la planilla cambiaba casi todos los días. Las vendían por la calle y llegó un momento que había muchas planillas truchas. Había tipos que cobraban cualquier cosa.

María:   Sí, en la época de la hiperinflación tiene que haber sido, fines de los ’80, australes.  Le juro que el recuerdo de las planillas en los taxis lo había borrado. Usted me acaba de llevar por el túnel del tiempo y me parece que no estoy dispuesta a volver al pasado. Por favor déjeme acá que me siento mal, prefiero caminar las cuatro cuadras que faltan.

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