Arrugado por obligación

Diana:  Buen día, Adam. Por ser tan temprano tenés muy mala cara.

Adam:  Sí, casi no dormí.

Diana:  Además, tenés toda la camisa arrugada, ¿la tenías guardada adentro de la valija?

Adam:  Obvio. Pero eso no es lo peor. Pedí una plancha en el hotel y me dijeron que no estaba permitido planchar adentro de la habitación.

Diana:  ¿Cómo assim?

Adam:  Sí. Hasta hay unos papelitos en los cuartos que dicen que no está permitido planchar dentro de las habitaciones del hotel. ¿No lo viste?

Diana: No… ¿Estás seguro?

Adam:  Mirá el cartel…

Diana:  No lo puedo creer. Te juego lo que quieras que algún idiota, en una remota ocasión, usó la plancha y quemó medio hotel. Después vino un  genio del management hotelero y decidió prohibir las planchas directamente.

Adam:  Tal cual. Me los imagino diciendo: “Se acabó. No se usan más planchas en el hotel. Que manden la ropa a planchar si quieren tener las camisas sin arrugas cuando las sacan de las valijas”.

Diana:  Acabo de tener un deja vu. Pagan justos – siempre – por pecadores. Como en los aeropuertos. A un psicópata se le ocurre ponerse dinamita en los zapatos y toda la humanidad que sube a un avión se tiene que sacar los zapatos de por vida.

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