Monkey Master Fable

In the feudal state of Chu an old man survived by keeping monkeys in his service. The people of Chu called him “ju gong” (monkey master). Each morning, the old man would assemble the monkeys in his courtyard, and order the eldest one to lead the others to the mountains to gather fruits from bushes and trees.

It was the rule that each monkey had to give one-tenth of his collection to the old man. Those who failed to do so would be ruthlessly flogged. All the monkeys suffered bitterly, but dared not complain.

One day, a small monkey asked the other monkeys:

“Did the old man plant all the fruit trees and bushes?” The others said: “No, they grew naturally.” The small monkey further asked: “Can’t we take the fruits without the old man’s permission?” The others replied: “Yes, we all can.”  The small monkey continued:

“Then, why should we depend on the old man; why must we all serve him?” Before the small monkey was able to finish his statement, all the monkeys suddenly became enlightened and awakened.

On the same night, watching that the old man had fallen asleep, the monkeys tore down all the barricades of the stockade in which they were confined, and destroyed the stockade entirely. They also took the fruits the old man had in storage, brought all with them to the woods, and never returned. The old man finally died of starvation.

Yu-li-zi says, “Some men in the world rule their people by tricks and not by righteous principles. Aren’t they just like
the monkey master? They are not aware of their muddleheadedness. As soon as their people become enlightened, their tricks no longer work.”

Source From Dictatorship to Democracy by Gene Sharp

thiis story, originally titled “Rule by Tricks” is from Yu-li-zi  (1311-1375)
and has been translated by Sidney Tai, The translation was originally published in Nonviolent Sanctions:
News from the Albert Einstein Institution (Cambridge, Mass.),

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Formas de volver a la literatura

“Eso no lo inventaste, le digo. Esas cosas no se inventan”. Es una de las tantas frases memorables del narrador de la última novela de Alejandro Zambra en Formas de volver a casa, acá respecto del manuscrito de un amigo escritor. Hay muchas más pero quiero destacar esta parte que leyó el mismo autor en el bar Orsai el jueves 23 de agosto:

“Leer es cubrise la cara, pensé.

Leer es cubrise la cara. Y escribir es mostrarla”.

A veces tengo la suerte de estar en reuniones donde se indaga sobre el proceso de la creación y el uso de herramientas misteriosas que resultan en buena literatura. El jueves fue una oportunidad para escuchar una entrevista en vivo de Pedro Mairal – uno de los escritores argentinos que más me gustan – a Alejandro Zambra, autor chileno, más o menos de la misma generación que Mairal. Mientras los escuchaba, tenía la certeza de estar presenciando un intercambio de expertos que se pasaron muchas horas de sus vidas tapándose la cara y mostrándola.

Lo primero que preguntó Pedro fue si para escribir hay que traicionar a los que queremos, a la familia por ejemplo. Cualquiera que escribe sabe a qué apunta la pregunta ya que tomamos anédotas, personajes y situaciones de nuestras propias vidas y de los que nos rodean (y nadie rodea más que la familia) a la hora de escribir. La contestación de Zambra fue:

“Hay que ser libre. Es difícil reprimir el espacio de la escritura…no hay que tener miedo … no hay que reprimir nada…un texto en primera persona tiene que parecer autobiográfico”.

“La decisión más importante de un libro es quién habla; es una decisión muy importante en la narración, me importa más que la trama“, explicó Zambra. Qué gran verdad. Yo me di cuento hace ya un tiempo que si me gusta la voz de un narrador, puedo leer cualquier cosa que me cuente. Sin embargo, una trama interesante se me arruina si no me gusta la voz del que cuenta, se me hace tediosa la lectura.

Mairal luego preguntó sobre el proceso de corrección y otra vez sentí que Zambra tenía razón: “Para dar forma, hay que borrar, no hay que agregar“. Me hizo acordar a una frase de Stephen King en On Writing: “kill your darlings”. En el proceso de corrección parece más importante despojarse de las palabras -aunque nos cueste prescindir de nuestras darlings – que engordar el texto. Tal vez por esta razón las novelas de Zambra son cortas: “me gusta la intensidad de los textos…estoy en contra del adorno supérfluo, de rellenar porque sí“. Mairal acota que en la novelas breves se confía en el lector.

En mi lectura de Formas de volver a casa, me encantó un recurso que el autor dijo está ya en Macedonio Fernández: cómo se retoma una misma situación contada de otra manera y sin embargo lograr que no sea una repetición sino, como lo define el mismo Zambra ante preguntas del público: “polifonía de una misma voz”. Hay que leer lo que logra Zambra para entender lo bien que maneja el recurso.

Me quedan flotando sus respuestas y algunas de las preguntas sobre el arte de escribir: “¿Qué es lo que sólo se puede decir desde la literatura?…hay que contar las cosas como nadie más puede contarlas…hay pulsiones o deseos que uno entiende que tiene que comunicar….podría no escribir un libro más pero nunca dejaría de escribir, creo que es como una fidelidad a la obsesión”.

En la charla de mesa posterior a la exposición, Zambra comparte con nosotros, escritores en potencia y de hecho, toda su tímida calidez. Nos deleita con la firma de sus libros, preguntándonos el nombre y tomándose el tiempo para rubricar una dedicatoria con árboles y todo. Es en un círculo de gente entusiasta, lo atormentamos un poco con preguntas,  felices de charlar sobre la pasión que es la literatura. Miro con qué intesidad observa Zambra. Como si escaneara la realidad que lo rodea, tal vez para ser combustible de su escritura. Una chica le dice algo que me parece da en la tecla: la honestidad que tiene Zambra para escribir. Sí, es eso, tal cual, es esa honestidad que lo hace tan bueno. Pero eso no significa que todo lo que escriba Zambra sea cierto o autobiográfico y lo resume respondiendo al elogio así: “la honestidad es saber mentir“.

pésima foto que saqué (el miniflash del celular molesta igual) pero ahí están en la penumbra Pedro Mairal y Alejandro Zambra

sexo, mentiras, video y … ¡pasaron 23 años!

El otro dia volví a ver la película de 1989 que marcó toda una época: sexo, mentiras y video.  Me llevé una sorpresa. Esperaba que la película estuviera avejentada, demodé, o ya francamente desechable. Nada de eso. Sacando algunos detalles insoslayables de la época  – no se ven computadoras, tablets, ni celulares – el cuarteto de personajes y sus rollos psicológicos siguen tan vigentes como hace veintitres años; el zeitgeist sigue ahí.

La película fue trascendente porque le abrió la puerta a muchos otros films de cine independiente que buscan una alternativa al cine comercial y a la tradición mainstream de Hollywood. Ahora, los “indie films” se han convertido en un género aparte.

Hacer sexo, mentiras y video (así en minúsculas como se vendió) costó 1.2 millones de dólares pero recaudó más de $25 millones. Además, consagró a su (entonces) joven director Stephen Soderbergh como genio ( también escribió el guión), y convirtió en movie stars al cuarteto actoral. Andie MacDowell en el papel de esposa aburrida y frígida. James Spader como impotente outsider, algo  freak, que se erotiza con las intimidades sexuales de las mujeres; siempre a través de la profiláctica lente de una cámara. El infiel abogado yuppie sobre las espaldas de Peter Gallagher con Laura San Giacomo como la amante que en su fogosa desinhibición es el polo opuesto de su hermana. Toda gente más o menos de mi misma generación. Me intriga saber qué pensaría de la película alguien hoy de 25 años.

Es gracioso cuando el marido le dice a su amante, la hermana de su mujer, que no la puede ubicar en el bar donde trabaja porque el teléfono le da ocupado. ¡Impensable hoy en día! La filmadora con la que hacen las grabaciones parece un tubo de oxígeno. Ahora todo se ha jibarizado. Y las cajitas con los cassettes de cinta que se podían romper en un ataque de furia. Juraría que esos videotapes fueron la última versión que vi. Todo me remite a lo vertiginoso de la época digital en la que vivimos donde nos podemos reír de los artefactos que usábamos hace solo 20 años. También impensado en épocas no tan lejanas.    

Ver la pelicula otra vez en 2012 me permitió distinguir varias capas de historias cruzadas y muchos temas que siguen vigentes en esta época de amores fugaces y livianitos donde sigue costando la intimidad. Solo siete años antes de la filmación, circa 1982,  surgieron los primeros casos de SIDA.  El sexo empezaba a llenarse de obstáculos  y en este caso la distancia la marca la lente de una cámara. Pero la mayor distancia es por las trabas que tienen todos para relacionarse, saber qué quieren de verdad y cómo pueden ser felices.

Tambien me impactó la fusión entre lo real y la repetición de lo real; la infinita  reproducción de lo grabado. Un interesante juego de espejos que se da vuelta cuando el personaje de Andie Macdowell apunta con la cámara al personaje de Spader, dándole un taste of his own medicine, y luego entrando ambos dentro del alcance de la cámara para intimar… ¿y amar? “Nunca aceptes consejos de alguien con quien no tuviste intimidad”, sentencia el observador de la sexualidad femenina.

Pero lo que marcó todo una era fue la repetición de las tres palabras en sus múltiples combinaciones. Se decía “sexo, mentiras y ……”, “sexo, …… y videotape”, o “…, mentiras y video”. Cualquier frase tripartita clever que sirviera a la ocasión. No pude dejar de asociarlo a un éxito editorial de ahora que es “Eat, pray, love” (“comer, rezar, amar”). Algo pasa con tres palabritas combinadas en mágica sucesión. Yo hubiera jurado que con un título como “eat, pray, love ” no se puede vender ni un ejemplar. Shows just how clueless I am.

Haiku to go

Thanks to the folks in the writer’s group for your support! Here is the same series that started out in Spanish, now morphed into English. It is not an exact translation.

She stops on her journey  

for water from the brook

she is the stream

 

A spider in its web

inside the backpack

Of a mountain climber

 

 

The perfume

of an orchid in bloom

eternity in a second

 

It is raining in the city 

drops in the puddle

my tear, just another drop

 

A wave breaks on the shore

foam at my feet

I inhale with the sea

 

Death arrives inevitably

though somehow unexpected  

a moth crackles as it hits the light

  

The horizon is far away

the end approaches

I am the journey

                                                                            

He sits at the side of the road

To meditate on his confusion

He understands when he stops thinking

 

 

A twig falls from the tree

a dove swoops down and takes it back

to the nest on the branch

Haiku al paso

El caminante se detiene  

bebe agua del arroyo

el arroyo es él

 

La araña trepa en su red

dentro del equipaje 

de un alpinista que sube

 

El perfume 

de una orquídea en flor

en un segundo, la eternidad

 

Llueve sobre la ciudad 

gotas en el charco

Mi lágrima, una gota más

 

Una ola rompe en la orilla

La espuma en mis pies

luego inhalo con el mar

 

Llega lo previsto: la muerte

siempre es inesperada

una polilla se quema en la luz con un chasquido

 

El horizonte está lejos  

se acerca el final

yo soy el viaje

 

Se sienta al costado del camino

a meditar sobre su confusión

entiende cuando deja de pensar

 

Una ramita cae del árbol 

baja la paloma y la agarra

arma su nido en el árbol

Orquídeas: lo Bello, lo Verdadero y lo Bueno

EVOCATION
“Earth, 114 million years ago, one morning just after sunrise: The first flower ever to appear on the planet opens up to receive the rays of the sun.     Prior to this momentous event that heralds an evolutionary transformation in the life of plants, the planet had already been covered in vegetation for millions of years.

The first flower probably did not survive for long, and flowers must have remained rare and isolated phenomena, since conditions were most likely not yet favorable for a widespread flowering to occur. One day, however, a critical threshold was reached, and suddenly there would have been an explosion of color and scent all over the planet – if a perceiving consciousness had been there to witness it.

Much later, those delicate and fragrant beings we call flowers would come to play an essential part in the evolution of consciousness of another species.

Humans would increasingly be drawn to and fascinated by them. As the consciousness of human beings developed, flowers were most likely the first thing they came to value that had no utilitarian purpose for them, that is to say, was not linked in some way to survival.

They provided inspiration to countless artists, poets, and mystics. Jesus tells us to contemplate the flowers and learn from them how to live. The Buddha is said to have given a “silent sermon” once during which he held up a flower and gazed at it. ”

Text: Eckhart Tolle, A New Earth 

photos: mine (I swear, with a cell phone!)

On a literary kick, David Sedaris: “When You Are Engulfed in Flames”

I know, I know, I just wrote a literary post on an author a week ago so to really shake things up …  I´ll do Sedaris in English. He might get a kick out of what that expression amounts to in innuendos – if he weren’t openly gay. And how wonderful that he is, since he gives us insight into what a monogamic, well educated couple, who sticks together through thick and thin, is like. One story in particular, goes deep into the subject of boredom vs faithfulness and what really counts in the end. Oh, I would love to have David and Hugh as close friends. They would be great candidates to visit Buenos Aires.

How I came across Sedaris is a long story, but to make it short I’ll just mention that I inherited two of his books. The previous owner had read them and needed to travel light so they became mine. Not bad. So I guess it’s fair to say we met half way.

Why did I like this book of essays so much? First and foremost because Sedaris is very funny in an intelligent way. After reading a few essays I smelled New Yorker magazine and I hit the nail on the head. Most of the essays in this book were published in that magazine first. What else? Polished, unpretentious, every day language.

Sedaris’ persona is that of the underdog. He is constantly underperforming in a world of alpha achievers.  In his nerdy, sometimes dark way he has what could be called “Seinfeldian” worries and is a bit self absorbed.  He has a very urban, sensitive, world citizen point of view which I find extremely appealing. He is always deeper than what you read on the surface.

My favorite stories include the essay called “Solution to Saturday’s puzzle” – a delight worth reading over – and “That’s Amore” from when Sedaris lived in New York. The last and longest essay, “The Smoking Section”,  is a gem to read for anyone who has quit smoking (as is the case of yours truly).  The first part is much better than the other two, with Sedaris still the nicotine addict. He breaks down smokers into categories depending on the brand they light up and delivers memorable sentences such as ” One should never loan money to a Marlboro menthol smoker, though you could usually count on a regular Marlboro person to pay you back”.

What a delicious experience to be engulfed in David Sedaris.

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