Cantar afinado

Tuve la suerte de nacer afinada igual que mis hermanos con quienes tuvimos un grupo de rock, way back when. Podíamos cantar a tres voces facilmente como los Biiiiii Shiiiis (es un decir) que se llamaban así por ser Brothers Gibb (Bee Gees). Es uno de los dones que más agradezco en el mundo y que permite que hoy siga cantando en un grupo. Uno de mis recuerdos de la época del colegio es estar en algún acto en el momento de cantar el himno junto a alguien que está cantando en otra parte del pentagrama. O sea desafinaciones que duelen, literalmente. Con mi hermano nos mirábamos como si estuviéramos mordiendo un limón y no podíamos contener la risa. Escuchar a alguien cantar otra nota, muy lejos de la pretendida por Lopez y Planes es una afronta auditiva severa. Convengamos que hay que ser soprano para pegar esos agudos (O juremos con gloria morir, o juremos con gloria morir...). Una desafinación aguda es como escuchar que pasan las uñas por el pizarrón. Brrrrrrrr.

Siempre me pregunté si en el mundo hay más gente afinada o desafinada. Cualquiera que haya ido a algún concierto sabe que la mayoría es afinada. Hace más de un mes estaba viendo las bandas de Rock in Río y cuando canta el público, la masa de espectadores sudorosos, está claro que afinan.

Esto entraría dentro de la teoría de wisdom of crowds. La mayoría no siempre se equivoca. Hay un libro muy interesante llamado “The Wisdom of Crowds” de James Surowiecki donde la hipótesis es que una mayoría no ilustrada es más inteligente que una minoría ilustrada, por lo menos en cuanto se hace un promedio de todo. Esto pasa con cantar en masa.

Una muestra: hear the crowd sing “Love of My Life” con Freddy en Rock in Río en el ’85. Se apuran un poquito en una parte pero que afinan, afinan, che.

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Arrugado por obligación

Diana:  Buen día, Adam. Por ser tan temprano tenés muy mala cara.

Adam:  Sí, casi no dormí.

Diana:  Además, tenés toda la camisa arrugada, ¿la tenías guardada adentro de la valija?

Adam:  Obvio. Pero eso no es lo peor. Pedí una plancha en el hotel y me dijeron que no estaba permitido planchar adentro de la habitación.

Diana:  ¿Cómo assim?

Adam:  Sí. Hasta hay unos papelitos en los cuartos que dicen que no está permitido planchar dentro de las habitaciones del hotel. ¿No lo viste?

Diana: No… ¿Estás seguro?

Adam:  Mirá el cartel…

Diana:  No lo puedo creer. Te juego lo que quieras que algún idiota, en una remota ocasión, usó la plancha y quemó medio hotel. Después vino un  genio del management hotelero y decidió prohibir las planchas directamente.

Adam:  Tal cual. Me los imagino diciendo: “Se acabó. No se usan más planchas en el hotel. Que manden la ropa a planchar si quieren tener las camisas sin arrugas cuando las sacan de las valijas”.

Diana:  Acabo de tener un deja vu. Pagan justos – siempre – por pecadores. Como en los aeropuertos. A un psicópata se le ocurre ponerse dinamita en los zapatos y toda la humanidad que sube a un avión se tiene que sacar los zapatos de por vida.

Monday, Monday…..so good to me?

Diana:   (canta) “Monday, Monday, la ra la lalala…”  ¿cómo sigue?

Víctor:   “So good to me..”

Diana:   No puede ser. El lunes no es good con nadie. Es cuando hay mayor número de ataques al corazón, los lunes a la mañana.

Víctor:   Y… la gente hace cualquier cosa con tal de no ir a laburar.

Diana:   No, no es chiste. Es el momento de la semana que ofrece mayor resistencia. Venís del fin de semana todo contento y descansado y llega el lunes: ¡Paf! La realidad que te pega de frente.

Víctor:   Pero el tema de The Mama’s and the Papa’s era bueno, si bien algo viejo ya ¿no?

Diana:   Muy sixties, se hizo clásico. Pero lo que no voy a entender nunca es por qué fue good con ellos el lunes y la madre que lo parió. Effing Monday.

Alerta roja: mujer (con auto propio) en taller mecánico

María:   Buenas tardes, le traigo el auto para hacer el service pero se me ocurrió que, ya que estoy, le puedo arreglar esos raspones de la puerta.

Mecánico:  ¡Uhhhh! Pero eso no es un raspón, señora, ¡es un flor de bollo!

María:   No exagere. El bollo está limitado a una sola puerta, podría haber sido mucho peor…

Mecánico:  Está muy feo eso, complicado, eh, mucha mano de obra ….repuestos …. hay que cambiar toda la puerta.

Maria:   ¿Cómo que hay que cambiar toda la puerta? ¡Es un raspón! A mi me explicó mi novio que eso se arregla con un rodillo.

Mecánico:  Jajajajajajajaja, no sé qué le explicó …

María :   Mire, ¡no importa! No tenía pensado cambiar la puerta sino hacerle chapa y pintura…

Mecánico:  Hay que ver cómo le queda el auto si se lo lleva a cualquiera, señora, mire el bollo que le hizo…

María:  ¿Y quién le dijo a usted que YO le hice el bollo? ¿No le parece que me pueden haber chocado a mí?

Mécanico:  No, ése es un típico rayón hecho por el que maneja … hasta me arriesgo a decir que fue entrando o saliendo de un garage.

María:  …  Qué suspicaz que es usted, eh… Le voy a decir la verdad. Cada vez que le decía a alguien que el bollo me lo hice yo misma me gastaron hasta la eternidad. En cambio cuando les digo que me chocaron a mi todos me dicen “Uy, pobre, qué garrón”.  No sé si ve el punto.  ¿Cuánto me va a salir arreglar esa maldita puerta?

Mecánico:  (haciendo números en la cabeza) Calcúlele $2,700 pesos.

María:   Me está cargando, ¿verdad?

Mecánico:   No, señora, es lo que sale.

María:   Bueno, deje la puerta como está y hágale el bendito service nomás. Es auto de marca de ustedes que andará así, todo horrible y con la puerta hecha mierda por la ciudad hasta que pueda ir a un chapista. Ustedes están locos. Y dé gracias que tengo para hacerle el service.

Voces ventosas y pegajosas

Maru:  Uno de estos días voy a matar a un telemarketer.

Pedro:  Los detesto, son insoportables. Después pienso que esa gente tiene un trabajo como cualquier otro y tiene que pagar las cuentas.

Maru:  Me tienen totalmente podrida. Y ¿sabés qué es lo peor? Esa voz que dice “Buenos días” y ya sabés que te quieren vender algo. Son voces ventosas y pegajosas, tienen ventosas para agarrarse, y sólo quieren vender.

Pedro:  No sos lo primera en quejarte, en todas partes del mundo la gente está harta, venden aparatos que te filtran este tipo de llamadas.

Maru:   Sí, seguro que te llama también un telemarketer para venderte las máquinas. ¡Es tan del siglo pasado! Como los vendedores ambulantes que viajaban golpeando las puertas, tocando timbres, para venderte una aspiradora.

Pedro: Sí o las enciclopedias Britannica. También, del siglo pasado.

Maru:  Es una invasión de tu privacidad lisa y llana. Te llaman a tu casa – a cualquier hora – y aparece esa voz ventosa “vendo, vendo, vendo”. Te das cuenta el tonito de inmediato. El otro día llamaron cuando estaba ocupada y antes de que pudiera decir qué vendía le dije que no quería comprar nada. La voz tuvo el atrevimiento de preguntarme si quería que llamaran en otro momento. ¿Qué parte de “no quiero comprar nada” no entendés?

Pedro:   A veces atendés y del otro lado hay un ruido como si vos estuvieses llamando y sonara el teléfono del otro lado. Como si llamaran al voleo a varios a la vez.

Maru:  Recién una voz ventosa dejó todos sus datos en un mensaje en el contestador de casa para que la llamemos YA así nos da un préstamo. La voy a llamar ya y le voy a preguntar si no me quiere comprar el teléfono. Es del siglo pasado y ya no lo usamos más. Los que más llaman son estos del marketing directo que directamente lo prohibimos en nuestra casa por invasión de la privacidad.

Pedro:  Hay un método mucho más divertido. Les podés hacer esto. (está en inglés)

¿Facebook o feisbuk?

Tía:   ¿Viste las fotos que subí a Facebook? (pronunciado en inglés como cara-libro,  face-book)

Sobrino:  ¿Porqué decís “face-book”?

Tía:   ¿Cómo por qué digo facebook? ¿Y cómo querés que diga?

Sobrino : Feisbuk (lo prununcia con la “s” aspirada)

Tía: Me acabo de sentir de 120 años.

Ahijados

madrina 1:    ¿Tenés ahijados?

madrina 2:    ¿Sí dos, y vos?

madrina 1:   Por ahora una. Es una responsabilidad enorme, me lo tomo muy en serio. Se supone que el deber de los padrinos es apoyar, proteger y – con esto casi me asustaron – mantener viva la fe del ahijado.

madrina 2:   Eso último no lo había escuchado nunca.

madrina 1:  Sí! Cuando bautizaron a mi ahijada el cura nos dio una vela y nos dijo que eso era símbolo de la fe y había que mantenerla encendido. Yo lo pienso en términos de espíritu no de una religión en particular.

madrina 2:  floja responsabilidad, che.

madrina 1:    sí… ahora que lo pienso es más linda la palabra “godchild”, es como si fuera un hijo que tiene divinidad.