¿Cuánto tiempo más tardás en decir gracias? o “Te quiero forrita”. Elegí el título de post que más te guste.

Te quiero forritaSupongo que lo que me pasa entra dentro de lo que mi amiga Mercedes, bastante más joven, llama “ser retro”. Es conveniente porque me salvó de ser chapada a la antigua, como se decía en la era paleozoica, y ahora puedo ser retro que suena más cool que antigua. El problema es que mucha gente cree ser cool al tipear la menor cantidad de caracteres posibles en sus mensajes.

No reniego de la tecnología, todo lo contrario. Soy usuaria de whatsapp, sms, twitter, FB, y no los uso en forma indistinta sino según la ocasión. Pero al punto: estoy horrorizada por la falta de cortesía en los mensajes, sobre todo entre amigos.

Una amiga querida me envía una foto de su cumpleaños sin escritura en el cuerpo del email. O sea, ni idea si estoy por abrir un virus o qué. Se lo digo y me dice que estaba muy cansada cuando envió el mensaje y por poco me insulta. Tal vez sea yo la que tenga que pedir perdón.

Otra amiga querida, que no suele contestarme los mensajes de whatsapp, o me responde a medias, me manda un mensaje. No le contesto enseguida porque estoy viendo qué le digo y me pregunta “¿por qué no me contestás? Igual ya es tarde para lo que te propuse”.  Ouch. Mi respuesta fue que no se puede hablar todo el tiempo por mensaje de texto entre amigos. A veces es mejor agarrar el teléfono (celular por supuesto, el otro fijo casi no existe).

Y sí, me preocupa.  A los amigos me gusta escucharles la voz si no los veo y agradezco siempre un “gracias”, un “por favor”, un “cuidate”. Es apabullante como se está dejando a un lado la cortesía más básica, la gentileza que engrandece a las personas, el respeto que se merece cualquier mortal (si no nos ha ofendido por algo) y el cariño que tanto ennoblece a quien lo profesa, más que al que lo recibe.

Los modales y las buenas costumbres son el resultado de siglos de civilización y se resumen en el registro del otro, en darle importancia a la otra persona. Una persona considerada es un ser humano evolucionado. Es eso lo que me interesa conservar. Es un retroceso en el intercambio entre personas borrar todos los cuidados en la comunicación porque estamos apurados, no nos damos cuenta, o porque somos más cool y jóvenes  si usamos la menor cantidad de caracteres posibles. Ay, es que estoy tan a mil, que no puedo tipear una palabra más.

Por favor tomate un par de segundos de tu vida  y decí “gracias”, “por favor”, “espero verte pronto” si es lo que sentís. Si no te importa, listo. Tal vez seas como el que mandó a hacer el cartel de la foto que vi ayer por la calle. Un SMS que tuvo un upgrade a cartel en la vía pública.

Fame, I wanna live forever

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La Fama. People die for it, people live for it. La fama le costó la vida a John Lennon y a Lady Di. Después hay chicos que estudian teatro y darían la vida para “ser famosos”. Verdaderamente patético ya que así como llega se puede ir.  La fama puede durar   una vida si es “a pedido del público” o pueden ser los 15 minutos de fama como los llamó Warhol.

Hay una escena en “To Rome with Love” de Woody Allen que vale por toda la película. Un personaje relativamente convencional y desconocido, interpretado por el italiano Roberto Benigni, sale una mañana de su casa para ir a trabajar y es asediado por una turba de periodistas que quieren entrevistarlo. Lo invitan a programas de televisión donde le preguntan qué come en el desayuno. En la alfombra roja le preguntan si usa boxers o slip. La fama le permite entrar a cualquier restaurant o tener de amante a la secretaria más despampanante. Lo que tortura al hombrecillo es que no sabe por qué es famoso. Tampoco lo sabe el espectador y eso lo hace más interesante. Un tiempo después cuando al hombre empieza a pesarle el acoso, los periodistas, como en un juego de mancha, cambian de foco y eligen a otro average Joe que pasa por la calle para perseguir. Abondanan en el acto al personaje que había disfrutado de la fama. Al principio el hombre siente alivio y después, en lo que resulta ser lo más gracioso, extraña su popularidad y se decepciona cuando nadie se acuerda de él. Pasa a huir de los autógrafos a rogarle a una transeúnte que acepte uno.

Me hace acordar al chiste con el que termina Annie Hall. Un tipo va al psiquiatra y le dice que no sabe qué hacer con su hermano que cree que es una gallina. El médico pregunta por qué no lo encierran. ¡Porque necesitamos los huevos! responde el paciente. En ese chiste está toda la filosofía de Woody Allen sobre la vida y es la misma que está aplicada a la fama. No la quiere pero si no la tuviera la extrañaría.

Trabajé con mucha gente famosa y tengo mis serias dudas de si no te llega a la cabeza la fama. Conocí muy pocos individuos bien plantados, la mayoría fue bastante diva o divo. La fama crea en otros fanatismo, locura y lo peor: obsecuencia. Aísla y despega a las “estrellas” de la realidad.

A mí me gustaría tener una versión que sería como prima hermana de la fama pero que se llama de otra manera porque la otorgan los pares. Me gustaría ser reconocida y valorada entre iguales que pueden apreciar el trabajo bien hecho, me gustaría tener prestigio no fama. El prestigio te permite caminar por la calle tranquila y en el mejor de los casos llevar una muy buena vida.

TEDxRíodelaPlata

Viene con  retraso este post ya que el TEDxRíodelaPlata fue el miércoles pasado, 24 de Octubre en la Usina del Arte pero el tema lo amerita. Hace años que soy fanática de los TED talks, lo comparto con algunos de mis amigos más geeks. En realidad, estas charlas con formatos de 18 minutos pueden fascinar a cualquiera que sienta pasión por alguno de los tres temas: T=technology, E=Entertainment y D=Design.

Los TED talks empezaron en 1984 en California (where else?) como organización sin fines de lucro para apoyar ideas creativas e innovadoras. Como no podía ser de otra manera frente al hallazgo de un formato exitoso y probado, TED siguió creciendo por todo el planeta y el TEDx es la versión independiente y local de estas crecientes manifestaciones.

El año pasado también asistí pero tengo que decir que en su totalidad me gustó más el evento de este año. La Usina del Arte ayudó, es un lugar especial y tiene en el último piso un efecto de espejo muy interesante (foto) pero no fue ésa la razón. Hubo 18 destacados oradores, todos con algo importante para decir. Me pareció que casi todas las charlas de este año tuvieron el espíritu del TED original en que lograron tejer el discurso alrededor de una idea fundante y profunda, pudieron presentarla y desarrollarla; algunos con mejores remates que otros.

De elegir entre todas las presentaciones que más me dejaron pensando menciono las charlas de Dan Ariely sobre el valor del trabajo y la diferencia entre el trabajo con propósito y la labor “sisífica” que es una condena insoportable. La motivación es un tema que siempre me apasionó y me quedó claro que los seres humanos necesitamos encontrar sentido en el trabajo para ser felices. Ya lo intuía pero los datos científicos no se reemplazan con opiniones.

Jonathan Levav habló sobre la fatiga en las decisiones – tema fundamental, sobre todo cuando cada vez tenemos más opciones – que influyen en nuestro bienestar diario. Pedro Mairal,  en su exposición sobre “La fuerza de la lengua”, lanzó la noción del “latín chabón, el latin fierita” que hablamos hoy al hablar castellano y la importancia de encontrar una expresión original y personal, sea cual fuere. Hedy Kober dio datos a favor de la meditación ya que logra el mejoramiento de la vida contemporánea en diferentes planos. Me pareció más que propicio que esta charla estuviera en nuestros TEDxRíodelaPlata. David Pizarro me sorprendió probando que hay una relación directa entre nuestra sensación de asco y la tolerancia hacia las minorías.

Lo más movilizador para mí es que todas estas ideas ya circulan por el mundo y por nuestro país ( todas las exposiciones estarán disponibles en el sitio de TEDxRíodelaPlata en breve). Ese día pude dejar a un lado los problemas diarios y habitar el futuro por un ratito. Soñé en forma colectiva, vi algunos avances y sentí la esperanza de poder mejorar esta condición humana que nos define más allá de nuestras diferencias ideológicas, regionales o personales.

Todos y todas

Se viene el día del níño y de la niña y habrá que comprarles regalos a todos y a todas. Hace poco fue el día del amigo y de la amiga y me gasté mis pesos o pesas. Pero no tengo más dinero ni dinera porque mis ahorros y ahorras se los comió la inflación. Se me inflaciona la cabeza y el cerebro cuando lo pienso y más si reflexiono sobre el hecho de que es discriminatorio que el cerebro sea género masculino pero por suerte la inteligencia es femenina. Lo cierto es que el diablo o diabla sabe por diablo o por diabla pero más sabe por viejo o por vieja.

Lo políticamente correcto o correcta tiene el problema de creer que se arregla la realidad con el lenguaje. Pensamiento mágico o mágica que no arregla el problema real – concreto y concreta – de la sin duda injusta discriminación. Un mal que aqueja a muchos y a muchas en estas épocas donde pocos y pocas disienten con argumentos y argumentas y muchos y muchas les importa un verdadero comino o comina la propiedad de lo dicho o la dicha. Es de gorilas y gorilos. Pero nosotros y nosotras somos los más vivos y vivas. Aprendan de nosotros y nosotras, giles y giles.

Hace un tiempo que me llama la atención que en inglés, para luchar contra la discrimación, mujeres con actitudes feministas hacen exactamente lo contrario. Por ejemplo, no dicen que son una “actress” dicen “actor”, justamente para borrar la diferencia de género. “I’m an actor”, dice la actriz. Interesante. Se destaca ser actor, no importa si mujer u hombre. Algo así como decir “presidente” sin importar si es hombre o mujer ya que al no existir “presidento” no se necesita “presidenta”. Igualdad de condiciones reflejado en el lenguaje que aúna en una palabra borrando el género. ¿Reflejo o realidad? Yo, como mujer, puedo ser todas o parte de todos. Beat that, gentlemen! Ustedes sólo pueden ser todos. Ole.

¿Por qué entonces si “todos” incluye a hombres y mujeres, discriminar más? Mujeres por aquí hombres por allá. Me da escalofríos y escalafrías. Ante cualquier duda consulte a su médico o médica.

* foto es tapa del libro de Daniel Brofman Aguilar en sito de Educación en valores

Los que firman los mensajes de voz

Con el avance de la tecnología se nos juntan varias generaciones de seres humanos que interactúan con los aparatos eléctricos y digitales en forma muy diferente. El otro día, en la casa de una amiga, estuvimos viendo fotos viejas y de lo que más nos reímos es de una imagen donde estoy hablando por celular, toda ejecutiva y laboriosa, creo que era un startac. Algunos le decían “el movicom”.  En ese momento un startac era un gadget de un James Bond moderno. Hoy, parece que tengo un ladrillo en la oreja. Y sólo pasaron 14 años. 

Pero lo que siempre me causa gracias es cuando “firman” un mensaje de voz. Mi mamá, por ejemplo, me ha dejado mensajes largos grabados en el contestador y al final hace una pausa y dice: “mamá”. Se podría pensar que ella cree que no le reconozco la voz y que no me doy cuenta que es ella. Pero la verdad es que ella está escribiendo una nota, no dejando un mensaje de voz.

El otro día por la radio, un tipo deja un mensaje largo, pone un punto, respira y dice: “Luis”. Está claro que el hombre se crió en una época donde simplemente se dejaba una nota en la mesa de la cocina:

” Hola Stella, Me fui a comprar cigarrillos. Luis”

Sincericidio

Todavía me acuerdo del chiste de aquella película con Hugh Grant, “Four Weddings and a Funeral”, donde éste le pregunta a un viejo conocido qué había sido de su novia. “Ya no es mi novia”, dice el hombre sin sospechar lo que se viene. “Ah, qué suerte porque esa mujer era un flor de gato, nunca me cayó bien” – or something to that effect.  Acto seguido, con humor bastante inglés, el soon to be viejo ex-amigo le responde: “Ahora es mi mujer”. Trágame tierra siente Hugh, que ni con un rápido aleteo de sus largas pestañas logra zafarse del sincericidio.

Me encantan los neologismos y esta palabra, sincericidio, la escucho últimamente referida a la política argentina. Fulano cometió un sincericidio; lo de mengana fue un sincericidio. Curiosa noción esta de que uno se puede suicidar diciendo la verdad. Implica por supuesto que no queremos escuchar la verdad. Estos son tiempos de aniquilar al mensajero.

Lo interesante del neologismo es que une las nociones de muerte y verdad en una sola palabra. Muchas personas a través de la historia murieron por decir la verdad. Pienso en Galileo, en Sócrates y tantos otros que no se inmortalizaron a través de la fama. Ya sabemos lo que le pasa al hombrecillo que vuelve a la caverna de las sombras de Platón.

Pero lo cierto es que ese dicho “la verdad no duele” es una gran mentira. La verdad duele justamente porque es verdad, sobre todo si uno no quiere ver la realidad. La verdad libera si estás preparado para enfrentarla, si no, duele y molesta. La negación tiene la ventaja de evitar que nos hagamos cargo. Drink and be merry.

(Yo me callo muchas veces por no lastimar a alguien que quiero).

La verdad está muy devaluada. No hablo de Verdades Supremas sino de la verificación empírica y científica de datos que corroboran lo que se manifiesta en el mundo de los fenómenos. Ahora, si veo manchas en el cielo la culpa es del telescopio que está sucio. Si hay tormenta es por la sensación de lluvia. Los organismos oficiales de datos dan cifras de mentira y multan a los que dan otros datos surgidos de la observación de la realidad. Y todos tan contentos. Pero ya sabemos, la culpa es de los medios, qué joder. Sincericidio.

Una mosca en el avión

Boarding pass, anuncios interminables, atrasos, filas, pasajeros variopintos. Make sure you have the right papers/forms/documents on you. Y finalmente llega la entrada al avión. A veces me pregunto qué pasaría si me subiera al avión equivocado. Supongamos que estoy distraída y no escuché el gate/portao/puerta por el que sale un avión. Digamos que me colgué paseando, wandering through yet another boring duty free shop. Que tendrán mucho de free duty pero qué cantidad de compras inútiles hace la gente (y yo a veces, who am I kidding?).

Y así, también, supongamos que el señor que corta mi boarding pass en dos no ve bien, está distraído o charlando con su colega,  y pasa por alto el hecho de que el avión al que me acabo de subir tiene un destino diferente al de mi tarjeta de embarque. Nunca me pasó pero me podría pasar.

En el último viaje, antes del aterrizar, estaba adentro del avión y me pasó por arriba de la cabeza, en vuelo raso, una mosca negra y sonora.

Ese mínimo pedazo de vida, de existencia rango insecto, se subió en un país y aterrizó en otro. ¿Tendrá idea de lo que hizo? ¿Le importará que su destino resultó desconocido o será una mosca bodhisattva que pegó un quantum leap? Aceptó el presente, viajó de incógnita, y se pegó un viaje increíble que jamás hubiese podido hacer por su propia cuenta.

Vivan los destinos desconocidos si nos llevan a nuevos territorios.

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